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Volver a moverse sin pagar el precio: la paciencia como mejor aliada después de la pausa

Tras semanas sin entrenar, el cuerpo pide prudencia. Especialistas en medicina del deporte y literatura científica coinciden en que la clave está en bajar la carga, estirar los tiempos de recuperación y atender las señales que llegan desde los músculos y la cabeza.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 31 de agosto de 2026 · hace 10 h

Acá en Chimbas, apenas arranca el año, las plazas se llenan otra vez de gente que vuelve a caminar, trotar o levantar pesas después de las fiestas. Yo los miro y pienso en lo que siempre repite Graciela, la profesora de yoga del barrio: «el cuerpo no se acuerda de dónde dejaste, se acuerda de cómo lo trataste al volver». Y esa frase, créanme, resume mejor que cualquier manual lo que pasa cuando uno retoma el ejercicio después de una pausa larga.

Porque acá está lo primero que hay que entender: después de vacaciones, de una lesión o de cualquier parate prolongado, el organismo no está en el mismo punto en que lo dejaste. La tolerancia al esfuerzo baja, los músculos pierden parte de su capacidad para absorber cargas altas y hasta el sistema nervioso tarda en recuperar los patrones de movimiento. Volver desde donde se dejó, sin transición, es la receta más directa para terminar con una molestia que arruine el resto del verano.

Menos volumen, menos intensidad y más descanso

  • Quien entrenaba una hora puede arrancar con sesiones de 30 a 40 minutos, con circuitos menos exigentes o ritmos moderados.
  • La meta no es recuperar el nivel anterior en el menor tiempo posible, sino permitir que el cuerpo se readapte sin sobrecargas.
  • Conviene alternar días de actividad con pausas suficientes y mantener horarios de sueño regulares, porque el descanso pesa tanto como el entrenamiento mismo.
  • Escuchar las señales del cuerpo: si aparece un dolor que no se va, hay que frenar antes de que la molestia se convierta en lesión.

La literatura científica sobre retorno al deporte viene diciendo hace rato que la interrupción prolongada afecta cualidades físicas medibles: fuerza, potencia, velocidad y capacidad de reacción. Cuando la pausa se extiende sin ningún mantenimiento, los cambios en la composición corporal y en el rendimiento pueden ser notorios. Para amortiguarlos durante esos períodos de menor actividad, los estudios mencionan ejercicios de fuerza con cargas ligeras, trabajo de pliometría y estímulos de alta velocidad para preservar la condición de grupos musculares clave como los isquiotibiales.

La cabeza también vuelve (y a veces cuesta)

Hay además una dimensión mental que muchas veces se pasa por alto. La ansiedad por recuperar el hábito rápido puede empujarnos a exigirnos más de lo que el cuerpo tolera en esa etapa. Los períodos largos de alteración de la rutina afectan variables psicológicas vinculadas al entrenamiento, y algunos deportistas necesitan acompañamiento específico para retomar con confianza, sobre todo después de una lesión.

“Respetar los tiempos de recuperación no es retroceder: es la forma más segura de volver a moverse.”Consenso de especialistas en medicina del deporte

A mí, si me preguntan, me gusta cerrar esta nota como la empecé, con Graciela y su clase de los martes. Ella siempre les dice a las alumnas que vuelven después de las fiestas: «no te apures, que el cuerpo te va a alcanzar». Es una manera simple de decir lo que la ciencia repite con otras palabras: la vuelta al ejercicio es un proceso, no una carrera. Y lo que uno espera, al final del camino, no es llegar primero, sino llegar entero.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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