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Créditos más caros, tarjetas más flacas: el ajuste que el Banco Central no anuncia pero todos sienten

El costo financiero total roza el 100% anual, los plásticos se suspenden y la mora de las familias trepó al 12,9%. En medio de ese cepo al consumo, los hipotecarios crecen por encima de la inflación. Un mapa del nuevo apretón financiero que atraviesa a la clase media.

Por Agustina QuirogaVitivinicultura y campo · 26 de septiembre de 2026 · hace 1 h

El kilo de financiación, en esta Argentina que se recalibra a chaque rato, tiene un precio que duele: quienes todavía califican para un préstamo personal están pagando un costo financiero total que ronda el 90% y el 100% anual, una cifra que incluye intereses, comisiones e impuestos, y que duplica con holgura cualquier índice de precios al consumidor que se tome como referencia. La novedad no es solamente el número, sino el perfil cada vez más estrecho de cliente al que bancos y fintech están dispuestos a prestarle, en un proceso de selección que deja afuera a un porcentaje creciente de hogares y que reconfigura, de manera silenciosa, la relación entre el salario y el consumo.

El panorama combina, como pocas veces se vio en los últimos años, dos tensiones simultáneas: por un lado, los bancos quieren prestar, pero solo a quienes tienen el mejor historial; por el otro, esos mismos clientes con calificación alta están menos dispuestos a endeudarse, según el diagnóstico que ofreció Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, al describir el comportamiento reciente de las entidades. El resultado es una fotografia paradojal: oferta financiera más restringida y demanda más contenida, en un ciclo que se retroalimenta y que el Banco Central, paradójicamente, no se ocupa de explicar.

Tarjetas que se suspenden y límites que ya no se actualizan

La selección de la que habla Barbero no se limita al momento del otorgamiento de un crédito, sino que se extiende al uso cotidiano de los plásticos. Quienes registran deudas irregulares, es decir, atrasos en los pagos o excesos en el descubierto, ven sus tarjetas suspendidas, una decisión que las entidades tomaron para resguardarse en un contexto de mora creciente y deinflación lenta. A esa restricción se suma otra que, para los analistas, resulta casi más significativa: las actualizaciones de límites de compra están congeladas o avanzan muy por detrás de la inflación, lo que reduce de manera efectiva el monto disponible para nuevas adquisiciones, sin que el cliente reciba, en muchos casos, ninguna notificación formal al respecto.

“Algunos clientes con deudas irregulares tienen los plásticos suspendidos, y las entidades restringieron las actualizaciones de límites, lo que achica el margen para nuevas compras.”Guillermo Barbero, socio de First Capital Group

En paralelo, las propuestas de préstamos personales y las ofertas de financiamiento en cuotas que las entidades lanzan a través de sus canales digitales se concentran casi exclusivamente en los segmentos con mejor calificación crediticia, un sesgo que excluye a buena parte de la clase media y que, en palabras del propio Barbero, encuentra una contracara inesperada: quienes conservan el mejor score muestran menor propensión a tomar deuda, descreídos de la evolución del poder adquisitivo y de la propia capacidad de pago en el mediano plazo, en lo que constituye un cambio cultural relevante para el funcionamiento del sistema financiero local.

Mora al 12,9% y saldos reales en caída

El indicador que mejor retrata el deterioro, a juicio de los analistas consultados, es la mora, que según el Informe sobre Bancos que publica mensualmente el Banco Central de la República Argentina alcanzó el 12,9% para el conjunto de los créditos otorgados a las familias, una marca que se inscribe entre las más altas de los últimos años y que motivó, según Barbero, una moderación de los planes comerciales de las entidades y un despliegue creciente de equipos de recupero, dedicados a tentar arreglos de pago con los clientes que registran atrasos en sus obligaciones.

El contrapunto llega desde el segmento que más ha crecido en los últimos meses, que es el de los créditos hipotecarios, una categoría que el propio relevamiento de First Capital Group muestra en expansión, con un saldo cercano a los 8,6 billones de pesos y un aumento real del 3,1% mensual y del 36,1% interanual, dinámica que responde a la menor inflación, a la aparición de líneas ajustables por UVA y a la decisión de algunos bancos de participar de manera más activa en un mercado que hasta hace pocos meses consideraban poco atractivo. La pregunta que sobrevuela a todo el informe, y que ningún funcionario del área económica ni del Banco Central se tomó el trabajo de responder esta semana, es quién termina pagando, a fin de cuentas, la cuenta de este apretón: si son las familias que ven cómo se les restringe el crédito en el mismo momento en que los precios relativos de los servicios y de los alimentos siguen estirando el presupuesto, o si son las entidades que resignan márgenes para preservar la calidad de su cartera. La respuesta, como suele ocurrir en estas latitudes, no está escrita en ningún informe, pero se huele, con bastante precisión, en la fila de cualquier sucursal bancaria de un barrio del conurbano o del interior productivo.

AQ
Agustina QuirogaVitivinicultura y campo

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