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Miércoles, 30 de septiembre de 2026
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Cuando el aire empieza a faltar y nadie lo dice: la fibrosis pulmonary que llega sin aviso

Especialistas advierten que el diagnóstico puede demorarse hasta dos años y que algunas enfermedades autoinmunes comprometen los pulmones sin dar señales respiratorias. La detección temprana y los controles periódicos marcan la diferencia.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando el aire empieza a faltar y nadie lo dice: la fibrosis pulmonary que llega sin aviso

Acá en Chimbas, doña Marta se apoya en la mesada de la cocina y me dice, con esa mezcla de bronca y resignación que conozco bien, que hace más de un año nota que se ahoga cuando sube las escaleras del colectivo. Le hicieron estudios del corazón, le dijeron que era la edad, le recomendaron caminar más. Hasta que un día, casi de casualidad, una médica joven le pidió una tomografía de alta resolución y apareció la fibrosis. No estaba loca, no era vaga, no era vieja: tenía los pulmones llenos de cicatrices que nadie había visto. Esa escena, que se repite en los consultorios de todo el país, es la que describe Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, cuando advierte que la pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no debe atribuirse automáticamente a los años. Aunque estas enfermedades son más frecuentes después de los 60, la edad no vuelve normal la falta de aire, y la demora en llegar al diagnóstico puede extenderse, según los especialistas, hasta dos años.

Y acá quiero ser clara con quienes me leen, porque esta nota la escribo pensando en los vecinos y las vecinas de a pie: la fibrosis pulmonary no es una enfermedad única ni un castigo inevitable. Es un proceso por el cual el tejido de los pulmones va generando cicatrices permanentes que dificultan la llegada de oxígeno a la sangre. Esas cicatrices pueden aparecer vinculadas a enfermedades autoinmunes, a la inhalación de partículas en el ambiente laboral o doméstico, o al efecto de determinados medicamentos. Cuando los médicos revisan todos los antecedentes y no encuentran una causa concreta, se la llama idiopática, que es una forma elegante de decir que el origen se nos escapa, y por eso mismo diferenciar bien cada caso resulta clave para definir el tratamiento y la frecuencia de los controles.

Qué mirar en el cuerpo y cuándo correr al médico

  • Si la dificultad para respirar aparece en pocos días o se presenta ante esfuerzos mínimos, la consulta tiene que ser urgente, sin esperar un chequeo programado.
  • Cuando la falta de aire surge en actividades que antes se toleraban sin problema, o aparece una tos seca que persiste durante semanas, también corresponde pedir una evaluación médica.
  • Esos síntomas pueden tener muchas causas y por sí solos no alcanzan para diagnosticar fibrosis, aunque sí para encender la alarma y pedir los estudios correspondientes.
  • En la consulta, el profesional revisa antecedentes, exposiciones laborales o ambientales y los resultados de estudios respiratorios previos; la tomografía de alta resolución permite observar los cambios en el tejido pulmonar.
  • En la auscultación, un indicio que el médico sabe interpretar es un ruido similar al sonido del velcro al apoyar el estetoscopio, que puede orientar la sospecha.

Acá en Rawson me lo cruzo a Rubén, que tiene artritis reumatoidea hace más de una década y me cuenta que nunca le habían pedido un control pulmonar porque, según le decían, "si no le falta el aire, no hay nada que mirar". Esa mirada, según lo que cuenta Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, está cambiando de a poco. En pacientes con esclerosis sistémica, la evaluación pulmonar debe hacerse desde el mismo momento del diagnóstico. En artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en quienes tienen factores de riesgo, porque la afectación puede avanzar en silencio. Lo que más me llamó la atención, y por eso lo comparto, es que Montoya informó que en una cohorte argentina en la que participó, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no presentaba síntomas respiratoryos. Y dentro de ese grupo, el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía. Es decir, casi cuatro de cada diez tenían los pulmones comprometidos de manera importante sin haber sentido nunca una tos persistente ni una falta de aire que los preocupara.

Por eso los controles indicados no dependen únicamente de sentir tos o falta de aire, y por eso este tema me parece de esos que vale la pena repetir hasta que quede claro: la fibrosis pulmonary puede trabajar en silencio, sobre todo en personas que ya conviven con una enfermedad autoinmune, y esa es la parte que más duele, porque uno se cuida, toma la medicación, va al reumatólogo, y sin embargo el pulmón puede estar dañándose sin que el cuerpo lo avise. Lo que la persona espera, en definitiva, es algo tan simple como que le pregunten cómo respira antes de que el aire empiece a faltar de verdad.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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